La América de Obama: una campaña triunfal
Luís Bassets
La campaña de Obama ha sido casi perfecta, muy bien dirigida, mejor financiada, y sin cambios de rumbo ni de equipos, nulas filtraciones y con una permanente exhibición de autocontrol por parte del candidato. Pero ha podido sembrar sobre un terreno bien abonado, en el que ya se habían producido modificaciones sustanciales. El Pew Research Center ha detectado una caída en la identificación del electorado como republicano desde 2004 hasta ahora en cinco puntos. Tiene que ver, de una parte, con el cambio demográfico y generacional que ya hemos visto; pero de la otra, sin duda, con la enorme sensación de decepción con la gestión de Bush, que se extendió a todos los segmentos electorales y penetró en el republicanismo a partir de la catástrofe del Katrina en 2005, cuando la Administración hizo una auténtica exhibición de ineptitud e insensibilidad ante los sufrimientos y los problemas de la población afectada. Las elecciones de mitad de mandato de 2006, en las que el Partido Republicano se queda sin mayoría en las dos cámaras, corroboraron la idea de que estaba empezando un fuerte cambio de tendencia. Texto completo
La llegada de Franklin Delano Roosevelt a la Casa Blanca revolucionó muchas cosas. Algunas fueron absorbidas por la normalidad muy de prisa, hasta convertirse en parte del paisaje y ya nadie retiene en la memoria que su origen está en aquellos días graves y trepidantes de la Gran Depresión. Una de ellas fueron los nuevos hábitos presidenciales en relación a las formas de comunicarse con los ciudadanos. Todos los presidentes siguieron después su estela, de forma que un aspecto fundamental del New Deal se instaló en las prácticas de la Casa Blanca a partir de aquel momento. Algo muy parecido está sucediendo ahora con la llegada de Obama, como continuación de una campaña electoral de fuerte componente tecnológico en la que ya se anunció una nueva forma distinta de hacer política y de organizar la vida pública. A estas cuestiones, que a veces pasan desapercibidas a los observadores políticos, preocupados de los ‘contenidos’, de la acción política y de la legislación, se le va a prestar una especial atención en el Foro de Davos, tanto en alguna sesiones de debate como en las propias prácticas comunicativas del WEF, muy próximas en algunos aspectos a la propia organización electoral de Obama en cuanto a tecnologías de la información y de la comunicación. 
Centroamérica es la región más frágil de Latinoamérica; en ella conviven Guatemala, que fue la dictadura más sanguinaria; El Salvador, el país más violento; dos de los tres más pobres, Honduras y Nicaragua; y, paradójicamente, la más estable de las democracias, Costa Rica. En los 80, Centroamérica sufrió el más sangriento conflicto del continente desde la Revolución Mexicana. Casi medio millón de muertos y varios millones de desplazados en una guerra que duró más de una década. Durante esa guerra se enfrentaron 300.000 hombres entre regulares e irregulares en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. En aquellos años Estados Unidos toleró un genocidio en Guatemala, ocupó militarmente Honduras, gobernó El Salvador, hizo la guerra a Nicaragua y terminó invadiendo Panamá con sus tropas en 1989.
El próximo 20 de julio, Andrés Cañizález, licenciado en Comunicación Social, Magíster en Ciencias Políticas, profesor de la cátedra de comunicación política en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello e investigador del Centro de investigación de la comunicación CIC-UCAB, contestará las inquietudes de los usuarios de